Crónica del Ultrashow de Miguel Noguera en Ibiza

DSC 4975El mismo fin de semana que se celebraban los "closings" de las discotecas ibicencas, Mal del Cap hizo su "opening" de temporada (así somos, el espíritu de la contradicción hecho asociación).

Cuando siete malalts nos planteamos arrejuntarnos para traer a Eivissa propuestas culturales alternativas, pusimos muchas excusas para autolegitimarnos, dijimos cosas tan pretenciosas como: "queremos que la isla se convierta en un referente cultural underground, bla, bla, bla", pero en nuestro fuero interno solo pensábamos: "Que venga Miguel Noguera, ¡que venga Miguel Noguera!". Así que comenzamos a lo grande y, con mucho esfuerzo y mucha ayuda, conseguimos traer el Ultrashow a Eivissa; un espectáculo del que se han dicho ya muchas cosas pero que difícilmente han acertado en su explicación, así que no seremos nosotros quienes lo intentemos, porque (y esto ya lo ha dicho Jordi Costa, crítico de El País) el Ultrashow hay que vivirlo, no se puede contar.

Y no solo conseguimos que viniera Noguera, sino que además lo trajimos a Can Ventosa y logramos, con los pocos medios de los que disponíamos, abarrotar un teatro que ya estaba partiéndose el ojal antes incluso de que Noguera comenzara a cantar la improvisación que hace al comienzo de cada Ultrashow. El propio Noguera nos confesó que estaba asombrado de que unos “mataos” como nosotros hubieran conseguido reunir a casi 300 personas para verle en una localidad tan pequeña como Eivissa y en la que aún no había actuado.  Bueno, Noguera no dijo en ningún momento la palabra “mataos”, pero en definitiva, es así exactamente como nos sentíamos al hablar de tú a tú con una persona a la que la mayoría de nosotros consideramos un genio.

Habíamos recogido a Miguel por la mañana en el aeropuerto, y estábamos tan nerviosos que pasó por delante de nosotros y ni siquiera lo vimos. “Coño, que está ahí”, dijo un malalt de repente, y sí, ahí estaba, móvil en mano, seguramente a punto de preguntarnos si lo habíamos dejado en la estacada. Nos presentamos, y la primera impresión que nos dio es que estábamos ante una persona tímida, cuyo carácter estaba muy alejado de lo que cabría suponer viéndolo sobre el escenario. Noguera no nos pareció en absoluto una persona histriónica, de hecho fue amabilísimo y supo ponernos las cosas muy fáciles.

A la hora de comer le habíamos preparado una comitiva-banquete-de-bodas de quince personas, que hubiera intimidado hasta al más intrépido, pero él no se achantó y pudimos conversar sobre su show y su trabajo, sobre esto y aquello,y sobre lo de más allá: nimiedades varias con las que nos reímos todos, porque Noguera tiene la capacidad de pasar de la seriedad a lo dadá en segundos. De hecho, si algo nos llamó la atención de él es su capacidad de descontextualizar situaciones hasta hacerlas completamente hilarantes, de una forma sutil en la que te sumerge poco a poco en el plano de lo irreal a partir de cualquier imagen cotidiana. Vamos, que flipamos y disfrutamos como locos de su compañía.

Más tarde fuimos con él a la prueba de sonido y lo dejamos tranquilo un rato antes del show.   A las 20:30 horas empezó a entrar gente a la sala, un montón de gente. Noguera antes de salir se veía mucho menos nervioso que nosotros (nos dolía el estómago de los nervios como si fuéramos a actuar nosotros en vez de él) y a las 21:05 salió al escenario.

Un metrónomo comenzó a sonar, y poco después Noguera empezó a cantar su tonadilla improvisada, que en esta ocasión juntó carreras de bicicletitas, muselinas, caderas de titanio, bocadillos de garbanzos y recitales poéticos. Después del cántico comentó sus impresiones sobre el mismo y cuando quiso comenzar el Ultrashow ya se había metido al público en el bolsillo. Señoras mayores, hombres de mediana edad, adolescentes con acné, y hypsters barbudos se secaban las lágrimas de la risa al sumergirse de la mano de Noguera en imágenes de señoras en verdulerías que no quieren lechugas porque se han golpeado, o que preguntan si tienen eso tomates que se llaman “to-ma-tes?¿?”.

El show duró más de una hora en la que cada vez que pensabas que no podías seguir riéndote porque te dolía la mandíbula, una nueva idea irrumpía con fuerza para dejarte k.o en la butaca.

Y así, idea loca, tras idea demente, el primer Ultrashow de Miguel Noguera en Ibiza llegó a su fin, entre los aplausos de un teatro extasiado y aturdido a partes iguales. Henchidos de orgullo por la labor realizada nos fuimos con Miguel a cenar al Conocord, donde dimos buena cuenta de la comida y la bebida, y aprovechamos para que Noguera nos firmara unos cuantos libros, con dibujito incluido, sin dejar de mirarle en ningún momento como al que se le aparece la virgen en un descampado. Las risas continuaron hasta una hora crítica para los que trabajaban al día siguiente y lo acompañamos de vuelta al hotel. Por el camino se habló de la posibilidad de que lo atropellara David Guetta y de las chanzas que el ABC podría hacer al respecto; fue una vuelta intensa.

A la mañana siguiente le acompañamos al aeropuerto y nos despedimos con la intención de volver a traerlo a cada opening de temporada malalta. Y después Ibiza volvió a la normalidad con una salvedad que apuntó muy acertadamente el conocido blogger Strambotic que (casualidades de la vida) había acudido al Ultrashow el día anterior: "A partir de ahora solo hay dos tipos de personas en Ibiza, los que fueron al #Ultrashow el domingo y los que se arrepentirán toda la vida por no haber ido".

Amén.